31.8.09

Esta certeza solo se siente una vez en la vida.


Sentí las palabras dentro de mí: “Fue un error Robert, fue un error quedarme, pero no puedo ir.” Déjame decirte otra vez que no puedo. Trata de convencerme una vez más.
Escuché su voz que me repetía: “Esta certeza solo se siente una vez en la vida”

-¡Pero por el amor de Dios Francesca! Has de irte con él, no lo dejes marchar. Habré esa puerta y toca la realidad con los dedos, que nadie te hizo reir como él en cuatro días...
Te vas a arrepentir toda tu vida, ¿Por qué lo haces?
- Nunca lo olvidaré, pero todos esos sueños que tuve de niña nunca se realizaron, ¿Por qué han de realizarse ahora?
- Es el momento de vivir, de ser feliz. De no olvidar de quienes somos y porque estamos aquí, no te puedes lamentar toda tu vida pensando en él, pensando en esos días en los que fuiste totalmente feliz, que por un error puedes arruinar toda una historia que podía acabar mejor..
- No puedo dejarlo, es mi familia, toda mi vida está encerrada en esta casa.

Y allí se quedó, en aquel coche acompañada de su marido y el amor de su vida en aquel coche enfrente esperándola, le era tan difícil marcharse sin ella..

-¿Qué te pasa Francesca? Por favor dime que te pasa. - Musitó preocupado, su marido.
- Se me pasara en seguida. Nada más..

- Por un momento no sabía donde estaba. Y por un instante, pensé que no me quería, que le era fácil dejarme..
- ¿Cómo se te ocurre pensar que no te quería?
- Pudieron ser simplemente cuatro días de amor y éxtasis ¿No crees? Pero no, la realidad no se tintaba así..
- Entonces dime: ¿Qué ocurrió?
- Nos amamos en la distancia, sin olvidarnos jamás.Y nuestra cenizas se unieron, en aquel puente donde nos conocimos..

10.1.09

Algo por lo que empezaría.

Todas aquellas cosas que nos suceden , incluso esas dos o tres las cuales podemos considerar como transcendentes a lo largo de nuestra existencia acaban todas ellas en convertirse en sombras que van y vienen, que permanecerán en un cuarto oscuro, el cual jamás nadie perseguirá la verdad, nadie se atreve a afrontarla , la incapacidad posee nuestra memoria.

Una memoria que sabemos que puede llegar a ser tan efímera, como los propios hechos que en ella se acumulan y se transforman, pero sin ella, el ser humano no podría vivir caería en el grito del lamento de un recuerdo espeso.

Ni tan si quiera, una hora, un minuto ni una décima de segundo…

No soportaría la sensación de eternidad que se repite una y otra vez en cada sueño de cada acto, de nuestras obras. Por muy insignificantes que estas y estos fueran.

Podríamos decir que todos esos recuerdos se guardan en ese espejo quebradizo y amarillento en el que rastreamos las huellas de nuestra vida, este nos advierte e incluso otras muchas hasta nos otorga.

Siempre es la misma historia, jamás cambiará.

Nos revelamos contra la realidad y preveemos el final de nuestro argumento.

Queremos detener un instante, atrapar el tiempo, seducir el gran igualador que es el olvido para que nos conceda el privilegio de formar parte del presente.

Esta aspiración fantástica, es la clave de lo que escribo cada tarde.

Un reflejo de la memoria, un trazado de la vida, de la línea del tiempo, tan bonito y sincero como un recuerdo, tan intercambiable como una primera experiencia, tan superficial como el vuelo eterno de una mariposa.

El mismo que sostienen estas manos.