Todas aquellas cosas que nos suceden , incluso esas dos o tres las cuales podemos considerar como transcendentes a lo largo de nuestra existencia acaban todas ellas en convertirse en sombras que van y vienen, que permanecerán en un cuarto oscuro, el cual jamás nadie perseguirá la verdad, nadie se atreve a afrontarla , la incapacidad posee nuestra memoria.
Una memoria que sabemos que puede llegar a ser tan efímera, como los propios hechos que en ella se acumulan y se transforman, pero sin ella, el ser humano no podría vivir caería en el grito del lamento de un recuerdo espeso.
Ni tan si quiera, una hora, un minuto ni una décima de segundo…
No soportaría la sensación de eternidad que se repite una y otra vez en cada sueño de cada acto, de nuestras obras. Por muy insignificantes que estas y estos fueran.
Podríamos decir que todos esos recuerdos se guardan en ese espejo quebradizo y amarillento en el que rastreamos las huellas de nuestra vida, este nos advierte e incluso otras muchas hasta nos otorga.
Siempre es la misma historia, jamás cambiará.
Nos revelamos contra la realidad y preveemos el final de nuestro argumento.
Queremos detener un instante, atrapar el tiempo, seducir el gran igualador que es el olvido para que nos conceda el privilegio de formar parte del presente.
Esta aspiración fantástica, es la clave de lo que escribo cada tarde.
Un reflejo de la memoria, un trazado de la vida, de la línea del tiempo, tan bonito y sincero como un recuerdo, tan intercambiable como una primera experiencia, tan superficial como el vuelo eterno de una mariposa.
El mismo que sostienen estas manos.
Me gusta tu texto Sas :)
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